Recuerdos de un futuro (C.1)

CAPÍTULO I
NUESTRA HISTORIA DESPUÉS DE LA HISTORIA


Todo comenzó una fría mañana de octubre. Llegué como profesor sustituto, ya que el sujeto que estaba antes en mi puesto había resultado ser un idiota que no sabía calcular ni una raíz cuadrada. No pudo con los estudiantes y era menester conseguir a alguien, ya que el novato había dejado a la escuela entera (puesto que era el único profesor de matemáticas disponible) con dos meses de retraso. Hela ahí… mi anhelada oportunidad. Añales dedicados al estudio de la física y las matemáticas, y el haber sido responsable de los más grandes descubrimientos de mi época, me habían permitido convertirme en la máxima figura científica en el lugar del que venía. Sólo tenía que presentar, con un nombre falso, mi currículum vitae… pan comido.



Pero no pude cantar victoria aún: todo había sido demasiado fácil. Usualmente, la primera parte de una gran empresa es así. Casi siempre las cosas se complican después de esa entrada resbalosa. Es como si el destino, desde doquiera que nos observara, dijera maliciosamente para sí: “Disfruta, querido, disfruta de esta gloria… pero disfrútala de verdad… porque no te durará mucho.” Y aún faltaba que me asignaran la posición exacta que quería. No sería fácil. Apenas salió el anuncio de la vacante para profesor de matemáticas, quince personas se abalanzaron sobre el puesto. Lo bueno fue que no necesitaban tantas. Lo malo es que en mis planes estaba contemplado ser el único, y no contaba con que otros dos profesores no estuvieran de más en la institución y, de esa forma, hicieran peligrar mis planes de enseñar en el salón que quería.


Primer semestre de preparatoria… ésa era mi meta. Dentro de ese grupo, se encontraba lo que yo anhelaba con más vehemencia, mi más grande ambición en la vida: Gabriela… origen de mis dichas y desdichas… de mis más dulces pesares… de la más cruda agonía sentida cada noche que no tuve su calor, su esencia, su cuerpo junto al mío en la cama… de mis más conmovedores recuerdos. Gabriela: la responsable de las más dolorosas reminiscencias en mi memoria… la dueña de mi vida… mi obsesión, mi tormento.


Gabriela… lo mejor que había pasado en mi entera existencia… y, al mismo tiempo, mi peor tragedia vivida…


Se convirtió en mi único proyecto de vida. Ya no me importaban mis estudios, mis experimentos, ni mis descubrimientos. Era ella y sólo ella en el universo entero. Mi plan era el siguiente: instalarme como profesor de matemáticas en su grupo; luego, irme acercando a ella de forma progresiva pero rápida y con cualquier pretexto insulso como calificaciones sobresalientes, concursos académicos, peticiones de apoyo con los de bajo promedio… cualquier tontería sería buena y suficiente, y el que ella siempre hubiese sido una alumna destacada facilitaría mucho las cosas. Después venía la mejor parte: ganarme su confianza a pulso. Convertirme, de ser posible, en un gran amigo para ella, y así ganarme su cariño y poder tenerla junto a mí. Tal vez… volver a abrazarla… ¡Abrazarla, Dios mío! ¡La sola imagen mental de tenerla entre mis brazos de nuevo, recargada en mi pecho, brindándome toda su calidez y su aroma me estremecía tanto! Un abrazo, tan sólo uno. Tenía que conseguirlo a como diera lugar.


El primer paso estaba ya exitosamente cumplido. Había sido aceptado para trabajar en el sitio. Ahora mis únicos obstáculos eran los otros dos profesores que se atravesaban como barreras en mi camino, junto a los cuales me citaron tres días después de haber enviado el currículum para acordar las condiciones de trabajo. Durante la repartición de horarios, podría jurar que crucé los dedos en secreto y subconscientemente. No supe en qué momento me sorprendí a mí mismo rogando, implorando en mi mente a no sé quién, tal vez a alguna fuerza superior, el destino o el azar, que me otorgara por dedazo mi ambición: enseñar en el grupo de primer semestre de preparatoria, donde se encontraba ella. Estuve a punto de perder la fe cuando a uno de mis futuros colegas le colocaron en la mano el único horario que contenía clases de preparatoria. Él estaba por guardarlo cuando, en un efímero vistazo, notó algo desfavorable para él:


--Director… discúlpeme, pero yo no puedo cubrir este horario. ¿Hay alguna posibilidad de cambio?


--¡Oh, cierto! Olvidé su otro empleo. Entrégueme el horario, si es tan amable. Le daré otro.


Dicho esto, tomó el papel tabulado de manos de mi nuevo compañero y, sin más, le dio la hoja que, supuse, iba a ser para mí. Mi corazón dio un vuelco cuando el papel rechazado por el otro profesor fue a parar a mis manos. Segundo paso: terminado. Tercer paso: Llegar a ella. Darle mi primera clase… no me cabía en la cabeza. ¿Yo? ¿Enseñándole a ella matemáticas? Hasta ese momento no me había puesto a pensar en lo insensata que sonaba la situación. Pero a estas alturas no podía darme el lujo de echarme para… atrás. Tenía que seguir.


Esa noche, asaltado por la emoción más grande que hubiera sentido en años, la pasé en vela dando vueltas en la cama. No podía creer mi suerte… me sentía el hombre más afortunado del mundo entero. Ya me sentía capaz de cantar, de gritar: “¡Victoria! ¡Te gané, destino! ¡Logré salir airoso de tus opresoras garras! ¡Victoria, al fin! ¡VICTORIA!” Y aunque faltaban objetivos más importantes por cumplir aún, yo no dependía ya de ellos, más bien, ellos de mí. Desde ese momento en adelante, yo determinaría mi destino, no viceversa. Ahora todo estaba en mis manos. Y yo podría manejarlo, sabía que podría.


Sólo me quedaba esperar… esperar a que al día siguiente el sol se levantara de nuevo, majestuoso, solemne, esplendoroso, por encima de las nubes que por tantos años habían poblado mi entero ser. Al fin, mi sol se alzaría ante mí, después de tanto tiempo. Gabriela, mi sol… nunca sabrás las tinieblas y el sufrimiento que tuve que atravesar desde que te perdí para volver a encontrarte…


[Continuación de el capítulo de introducción de la novela del mismo nombre, ya subido ayer. Fue escrita hace unos meses, no sabría decir cuántos con exactitud, pero es aproximadamente el mismo tiempo que llevo de escribir la introducción... un año y medio... Disfruten ^^. Por cierto: sí, todos los capítulos son así de cortos.]

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

4 Response to "Recuerdos de un futuro (C.1)"

  1. Darklex Zeid says:
    22 de junio de 2010 a las 16:54

    Una obra magistral como siempre!! :D

    Es de lo mas entretenido que he leído en años. Incluso no me molestaria pagar por una copia original del borrador =P .. xD

    Una historia fresca, con toques romanticos, y ansio ver el rumbo que toma la trama :D.

    Excelente ^^.. viva Lady Monochrome... te quiero :)

  2. Anónimo Says:
    22 de junio de 2010 a las 20:52

    (:

    te quedoo bn padre (: seras una famosa eskirotraa ya veras ;)

  3. Silvia Elena Says:
    22 de junio de 2010 a las 20:56

    jejeje ay mujer ke te puedo decir
    me gusta lo ke escribes
    sobre todo eso de ke un hombre este
    enlokecido por encontrarse de nuevo
    kon un amor perdido,
    poko son los hombres ke ralmnte van por
    lo ke kieren y eso la vrd es muy triste
    quien dijo ke lo mas facil es lo ke te ace feliz?. No es asi u.u lo ke sucede aora es ke son pocas las personas ke luchan por lo ke kieren, lo bno es ke siempre va haber personas ke logren lo ke siempre han soñado y esa sera la inspiracion para lo demas para salir adelante ^^.
    jejeje creo ke me sali del tema xDD
    jejeje me motive xD
    ande no xD
    jejeje bno recuerda "las cosas siempre pasan por algo" :)
    jejej bno ps ya me voy tqmmm ^^ sigue asi :)

  4. Lady Monochrome says:
    22 de junio de 2010 a las 20:59
    Este comentario ha sido eliminado por el autor.

Publicar un comentario