El día más feliz de mi vida

Estaba haciendo sol, como siempre en el desértico calor de Torreón. Era un día agobiante, el pavimento debajo de mí quemaba a tal grado que parecía intencional y maliciososamente premeditado. Yo me encontraba sola, como siempre, echada en el suelo, débil. Pedía agua a azotes, pues la sed me quemaba ya la garganta. Pero nadie escuchaba. Un rato después el dueño de tu casa, enojado, salió a darme el preciado líquido. Me sentí reconfortada, a pesar de que ni siquiera me miró a los ojos, más bien se limitó a gritarte a tí desde lo lejos, regañándote por no haberme atendido en mis necesidades fisiólogicas. No me gusta que lo haga, aunque sea por defenderme a mí. Yo entiendo que eres un ser humano con errores y aciertos y que tal vez tienes cosas más importantes que hacer que pensar en alguien como yo. Después de todo, yo jamás me iré, aquí sigo siempre a tu lado, me recuerdes o no, y para mí eso es lo único que importa, quedarme a tu lado.

Como todos los días, olvidaste mi comida matutina. Tú, niña traviesa y distraída. Siempre has sido así, no estás en este mundo. Pero para mí no tienes defectos. Soy tu mejor amiga y siempre lo seré.



¿Sabes? Es una linda casa la que tienes. Las pocas veces que me han permitido entrar, lo paso de maravilla jugando con tus hermanos y hablando con ellos, aunque sólo sea por unos quince minutos antes de que el dueño de tu casa decida que ya fue mucho desorden por el día. Y claro que eso no pasa muy seguido, estamos hablando de que tal vez una vez cada dos o tres meses me dejan entrar. Sin embargo, atesoro esos momentos como no tienes una idea.

¿Sabes qué es algo que de verdad me desconcierta? Que me encierren tras esa estúpida reja cada vez que deben limpiar. Más aún por el hecho de que la mayoría de las veces mi comida se queda afuera, y así permanece por, al menos, unas seis horas. Incontables veces he tratado de tirar esa reja con todas mis fuerzas, pero es inútil: siempre permanece ahí, de pie, amenazante ante mi libertad y mi hambre y sed. No puedo contra ella. La odio. Sólo a la reja, cuando se cierra. Por que yo sé que cuando tú vas detrás de la reja y me llamas para que vaya, es por que quieres estar conmigo, aunque después salgas y la cierres detrás de tí. Es que siempre recuerdas que tienes cosas importantes que hacer... ¡eres tan ocupada, niña!

Últimamente me he puesto a pensar en que hace mucho que no me tocas. Me gusta que me hables, que juegues conmigo, que me beses y me acaricies de vez en cuando. Amo que hagas eso, que me des cariño. Pero hace años que no lo haces. Desde que me mudé ya sólo estamos en contacto cuando me das comida, y eso por que el dueño de la casa te lo ordena, y haces caso sólo hasta que lo oyes realmente enojado. ¡Niña traviesa! sabes que te puede ir mal si el se enoja, ¿verdad? Pero no sé por qué se enoja. Se supone que es por defenderme a mí... pero es que él cree que a mí también me molesta, y no es así. No me importa, nunca me ha importado. Yo sé que tienes cosas importantes qué hacer, y es lo mismo con el cariño. No me lo das más por que ya no tienes tiempo. No te preocupes, lo entiendo, y no me molesta. Ahora eres una adolescente que tiene mejores cosas en qué ocupar su tiempo, como estar sentada frente a ese extraño aparato. Te la pasas apretando botones en una tabla extraña que, al parecer, tiene todos los signos de tu idioma, y constantemente miras ese cuadro luminoso en el que aparece lo que aprietas en los botones. El dueño de la casa lo llama 'chatear'. No sé lo que sea, pero seguramente es más divertido que yo, por que es por eso que se te olvida darme mis comidas a veces. Te ves bastante bien cuando estás ahí. Ocasionalmente ríes. Eso espero, que sea más divertido que yo. Mientras te haga más feliz de lo que yo alguna vez te hice, yo soy feliz también.

Tengo calor. Es insoportable. No quiero entrar a mi casa por que está llena de polvo y de cosas peligrosas, más que nada insectos que nadie se molesta en eliminar. Yo entiendo que no tengan tiempo, pero, ¿podrían al menos tomarse unos minutos? Esto es importante para mí. Además, ahí me siento enclaustrada, y con mucho frío, no es una sensación agradable. No les pido que eliminen las alimañas, no les pido nada... sólo que comprendan por qué no quiero entrar. Hay ocasiones en que los escucho decir que soy muy estúpida por no hacerlo en días de lluvia o de mucha tierra. Pero ustedes no saben que resulta contraproducente hacerlo por que es más el frío que siento, y lo que es más: no saben que lo hago con afán de observar que ustedes estén bien. Me gusta estar junto a la puerta cuando el clima está pesado para vigilar que los niños no se salgan y se hagan daño. Sí soy muy tonta a veces, pero trato de hacer las cosas bien... sólo les pido que lo comprendan. No soy tan inteligente, tengan paciencia.

Pero, ¿sabes? Ahora soy inmensamente feliz. Todo por que ayer ocurrió un hecho inusitado que atesoraré por siempre: en la tarde, empezando a oscurecer, después de tantos años de no hacerlo, me diste cariño. Era una tarde nublada, muy diferente a la del día de hoy. Yo estaba echada como de costumbre, sin nada qué hacer cuando, súbitamente, la puerta se abrió y, tras ella, saliste tú corriendo, refunfuñando entre dientes. Cerraste la puerta de un azote y pateaste la primera pared que tuviste enfrente después. De pronto, te dejaste caer al suelo, cubriéndote la cara. Irradiabas rabia. Una rabia dolorosa. A pesar del enorme miedo que sentía, me acerqué. Tenía que saber qué tenía mi mejor amiga. Lo hice lentamente, acercando mi cara cada vez un poco más a tu hombro. Fue una impotencia indescriptible la que sentí al verte en ese estado y no saber qué hacer. No te podía consolar, no sabía cómo. Así que sólo seguí acercándome. Con temor y timidez logré, finalmente, tocar tu hombro. Te sobresaltaste y levantaste tu rostro. Esos ojos... ¡nunca sabrás cuánto me gustan! ¡Cuánto me gusta verlos radiantes, brillando y salpicando chispas cada vez que sonríes! Pero en esta ocasión era diferente. Nunca me sentí tan vacía y tan devastada al mirarlos. Estabas llorando. Aunque era mi responsabilidad hacerte sentir mejor, terminé arrastrándome a tu tristeza y deprimiéndome contigo. Te había fallado, amiga...

Sin embargo, después de mirarme unos segundos, como tratando de consolarme y darme ánimos de seguir, esbozaste una meláncolica y pequeña sonrisa. Tus compasivos ojos me decían: "No te preocupes... yo sé que estás aquí y lo estás haciendo perfecto... simplemente ahora no me siento muy bien, es todo..." Luego, volviste a bajar la mirada. Comprendí entonces que sólo podía escucharte atentamente, y así lo hice, apoyándome en tu regazo cuando, como hace años, me contaste tus penas empapada en lágrimas y gritando con desesperación:

--¡Ay, Kira! ¡Él me cortó! No entiendo por qué, ¿qué demonios hice mal? ¡Soy una estúpida! ¡Trato de ser la novia perfecta para él y no lo consigo! ¿Por qué? ¡¿Por qué?! Si supieras lo frustrante que es...

Pero claro que lo sabía. Lo sentía en tí... Estabas devastada... a punto del derrumbe...

Fue entonces cuando pronunciaste las palabras que harían que mi corazón diera un vuelco:

-- Yo sé... que no siempre estoy contigo... y que sólo ahora que necesito a alguien recuerdo que estás aquí. Y te pido perdón. Tú no sabes la felicidad que me diste cuando llegaste a mi casa, ni con cuánta ilusión te esperé. Recuerdo aquel día en que mi mamá llegó a recogerme de la escuela y mis compañeros vieron por la ventana que mi mamá te llevaba en sus brazos. Estaban emocionados... pero más que emocionados, curiosos. La verdaderamente emocionada fui yo. Corrí disparada hacia la ventana para tratar de verte, y te divisé a lo lejos. Me decepcioné un poco cuando vi que no eras blanca. No por ser racista, si no por que yo esperaba que así fueras, esperaba algo diferente, inusual. Sin embargo, cuando llegó la hora de salir y te vi de frente, me enamoré al instante de tu carita tan tierna. Nunca me había sentido tan feliz con alguien como tú. En adelante no te soltaba y te la pasabas jugando con nosotros en casa. Ocasionalmente tirabas nuestra ropa y maltratabas los cables de la lavadora, y eso te propinó unas buenas apaleadas por parte de mi mamá, la señora que te educó. No me gustaba que te pegara así, y siempre que lo hacía me enojaba con ella y trataba de defenderte, pero al final entendí que era un riesgo necesario para que mejoraras. Lo que jamás se me hizo necesario fue amputarte miembros. Me opuse terminantemente a la idea, pero mis padres decían que así te verías mejor siendo adulta. Ahora tienes ya 6 años aquí... y ciertamente te ves espectacular, bellísima. Siempre que te veo pienso que no hay nadie como tú y que me da miedo que mueras sin heredar la hermosura que tienes, por eso y por tus conductas naturales hemos tratado de conseguirte un novio, pero eres en verdad indomable, nunca lo dejaste hacer lo suyo. En fin... yo sé que tal vez no me entiendes... pero yo sólo quería que supieras que el descuidarte de este modo es una de las cosas que más lamento y... más que nada... que desde que entraste a mi vida soy muy feliz de tener una compañera tan leal como tú... y que te amo...

Entonces me diste un beso. No lo podía creer. Eso... sólo eso era lo que por tanto tiempo había querido escuchar. Tus últimas dos palabras resonaron con ecos en mi cabeza. Jamás las podré olvidar. Y nunca sabrás... ni podrás imaginar la euforia incontenible que sentí en ese momento. Lo único que me quedó para canalizarlo y demostrarlo fue mover la cola... o lo que había quedado de ella después de mi amputación cuando cachorra. Me gusta mi rabito... aunque es desesperante cuando, por más vueltas que dé, no puedo rascarme a gusto. También mis orejas se ven bien así como quedaron. No podía creer lo reconfortante y cálida que era esa sensación... lo que podían producir dos simples palabras.

¡Quería decirte tantas cosas! Quería decirte lo maravillosa que eres, que no necesitas de ningun novio para ser la espectacular, hermosa y valiosa chica que eres, que él no te merecía y no tenía la inteligencia para darse cuenta de lo que tenía enfrente, que no hiciste nada mal y que no necesitas desvivirte por alguien que no merece la pena, que tú eres perfecta tal y como eres y no necesitas cambiar para nadie más que para tí, que eres preciosa, que te amo también y... ¡tantas cosas! Pero... mi condición de bóxer no me permitía hablar tu idioma, y sólo atiné a ladrar con cariño y lamerte la cara para demostrarte mi afecto.

Después de eso, jugaste un rato conmigo. Me hiciste cosquillas, me correteaste, reíste y, sobre todo, me acariciaste la barriga. Después de un rato, cuando oscureció, te cansaste y te despediste dulcemente de mí con un beso en la frente. Me dijiste que debías dormir y que me querías. Entonces, sonriendo, dejaste el patio y entraste a tu casa.

Yo te esperé hoy toda la tarde. Quería que se repitiera, quería de nuevo escuchar las dos palabras. Pero jamás saliste. Seguramente te ocupaste de nuevo en muchas cosas, como siempre. No importa, está bien. Yo seguiré aquí, siempre en el patio, bajo el achicharrante sol de esta ciudad y sobre el quemante concreto del suelo. Siempre velando por tí. Siempre cuidándote. No importa lo que pase, siempre lo haré fielmente, y nada quebrantará mi lealtad y respeto hacía tí.

Siempre estaré en el patio ansiando escuchar tus problemas. Si no me dices las dos palabras, no me importa. Siempre seré tu mejor amiga...

[No saben cómo lloré mientras escribía esto. En homenaje a mi hermosa bóxer, Kira. Es increíble hasta dónde puede llegar a veces la mezquinidad y el egoísmo en nosotros, los humanos. La idea de este texto se me ocurrió hace ya varios meses... tal vez unos nueve, y era un proyecto sin forma hasta el día 17 de marzo del presente año, cuando lo escribí y publiqué por primera vez. Fue el primer texto espontáneo en mi pasado blog, y está basado en un día en que andaba de malas (no recuerdo por qué, pero lo más probable es que haya sido por algo relacionado con mi ex) y sentía que no podía con nada... salí al patio y allí estaba Kira... siempre allí para mí, a pesar de la ingratitud con que a veces la trato. Aunque a veces no parezca, amo a mi mascota. Siempre fiel. Siempre ahí. Te quiero, Kira.]

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

4 Response to "El día más feliz de mi vida"

  1. Darklex Zeid says:
    22 de junio de 2010 a las 21:36

    :'). Definitivamente mi entrada favorita hasta el momento. La representación de lo que le pasa es triste, real, pero muy bonita explicada.

    Sigue con la buena escritura :) .. te quiero ^^

  2. Anónimo Says:
    22 de junio de 2010 a las 22:10

    TTuTT
    Que genial
    casi llore mientras leia esto
    te admiro Gaby :D

    Atte.: Daniel

  3. Ross H. says:
    26 de junio de 2010 a las 0:09

    es el ke me habias enseñado!!! bueno ya te habia dicho ke pensaba =) sigue escribiendo, lo haces muy bien! te kierooou

  4. Anónimo Says:
    18 de julio de 2010 a las 22:34

    Me gusta como lo escribista la forma de decirlo, eres unica sigue asi ;)

Publicar un comentario